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¿Qué Linux elegir para empezar? Desde luego no el de los sitios mainstream sedientos de clics

novaMAG:Código Abierto
Por Emmanuel
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Linux for beginners

A intervalos regulares, el mismo tipo de artículo vuelve a aparecer en la prensa tecnológica mainstream. «¿Cuál es el mejor Linux para empezar?» «¿Qué distribución elegir cuando eres principiante?» «El top 5 de los Linux fáciles para principiantes totales»… Esta cantinela lleva sonando en bucle unos cuantos años.

Se ha convertido directamente en todo un clásico recurrente de relleno para los sitios cazaclics faltos de inspiración. Para los más serios entre ellos, basta con unas cuantas líneas escritas en Microsoft Word. En cuanto a los demás, ni se molestan: es ChatGPT quien lleva el timón. Para este tipo de sitios que hablan de todo y de nada con total seguridad, la experiencia humana no tiene ninguna importancia. Porque mientras haya gente para alimentar su modelo de negocio basado en la publicidad, ¿por qué iban a esforzarse en producir contenidos de calidad?

El gran problema es que la sopa insípida que sirven con la amabilidad de un falso guía turístico arrastra tras de sí una buena colección de ideas preconcebidas que se resisten a morir. Como por ejemplo el concepto de un Linux hecho a medida para principiantes y el de un Linux reservado a los iniciados. Sin olvidar el viejo mito de la consola, que sería imprescindible y reservada al uso de una pequeña élite. No oculto en absoluto que este tipo de delirio tiene el don de sacarme de quicio. Así que vamos a retomarlo todo desde la base dando buenos consejos. El resultado final habrá que compararlo con las publicaciones inútiles que toman a sus lectores por idiotas.

El Linux para principiantes es el que te conviene a ti

El primer mito es también el más tenaz, así que más vale atacarlo el primero. El Linux para principiantes no existe. No es más que un concepto inventado de la nada con un objetivo puramente comercial. Puede venir de redactores que no se complican la vida con el rigor profesional, pero también de distribuciones que creen que hacer una mala copia de Windows o de Mac OS les da legitimidad para ganarse la etiqueta de puerta de entrada a Linux.

¡Así que seamos claros! El buen Linux para empezar bien es el Linux que se ajusta perfectamente a tus necesidades. Y es también aquel con el que te sientes a gusto. A partir de esa base, la supuesta complejidad es totalmente secundaria. Porque si quieres empezar por ejemplo con Arch o Slackware, que efectivamente son más difíciles de manejar que una distribución Ubuntu, ¿con qué derecho debería desanimarte? Hay tutoriales excelentes en internet y muy buenos foros de ayuda mutua. Además de eso, una distribución más compleja no significa que esté diseñada como un enigma lleno de trampas para sus usuarios. Al contrario, todo es lógico y está hecho para resultar comprensible a quien quiera tomarse la molestia. Todo esto para decir que si quieres empezar por Arch y te dicen que es un error porque hay que empezar por Ubuntu… Sí, tienes todo el derecho a pensar que te están tomando por idiota y que eso no es normal.

Y dejemos ya de exagerar esa supuesta dificultad. Yo, por ejemplo, nunca en mi vida he tocado un Windows 11 ni un macOS. Si mañana me entraran las ganas absurdas de ponerme con ello, está claro que me costaría lo mío durante unos días, el tiempo justo para entender dónde han escondido sus ajustes. ¿Y por eso debería escribirle a Microsoft para reclamar una edición especial de Windows para principiantes? La idea es, pues, tan ridícula para Linux como para cualquier otro sistema.

La buena pregunta no es qué Linux elegir para un principiante, sino qué Linux elegir para empezar.

Un Linux lo encuentras para cualquier uso imaginable. Hay distribuciones hechas a medida para los videojuegos, otras pensadas para el alojamiento de servidores, otras más para la investigación científica o para la educación. Las hay incluso para nichos muy concretos, hasta para los aficionados a la radioafición. Elegir una distro no consiste, por tanto, en buscar la versión con el sello de especial para simplones. El planteamiento correcto es encontrar la que mejor encaja con lo que quieres hacer.

¿Y si solo buscas un sistema polivalente sin un uso concreto en mente? Ahí no se aplica ninguna regla. Puedes elegir tu distribución por la filosofía que la sostiene y el proyecto humano que hay detrás. También puedes cogerla simplemente porque tiene buena pinta, y será un criterio perfectamente válido. Además, la magia de Linux es que puedes probar prácticamente todo gratis, ya que la inmensa mayoría de las distribuciones se pueden usar en modo live directamente desde una memoria USB, sin instalar nada ni romper nada en tu máquina. Así que de verdad que no tiene ningún misterio: lo pruebas y, si te convence, lo instalas. Puedes incluso conservar tu Windows en paralelo, pero ¿de qué sirve mantener un programa espía en tu ordenador?

El mito del club cerrado de los «verdaderos» linuxeros

Junto a esta tontería del Linux para principiantes, en el extremo opuesto nos encontramos exactamente con la misma fábula en versión expertos. Según algunos linuxeros veteranos, habría distribuciones reservadas a un puñado de iniciados. Y todas y todos los que no las usan no serían más que una especie de pringados. Es una vieja cantinela pedante que lleva dando vueltas por el mundillo desde siempre. Para esa gente, solo eres un verdadero linuxero si te hundes en las dificultades. Para resultar creíble a sus ojos, habría que usar únicamente distribuciones famosas por su complejidad. Del tipo en el que recompilas tú mismo la mitad de tu sistema y donde el más mínimo ajuste te cuesta una tarde entera. Si les hiciera caso, debería soltar mi Linux Mint por uno de esos sistemas que no me sirven para nada, solo para demostrar que estoy a la altura.

Solo que resulta que en mi ordenador principal uso Linux Mint con el entorno Cinnamon. Y la máquina que me sirve para hacer mis pruebas funciona la mayoría de las veces con Linux Mint XFCE. En fin, nada demasiado impresionante. Y para colmo, a Linux Mint le han colgado la etiqueta de Linux para principiantes unos cuantos que harían mejor en pensárselo antes de soltar cualquier tontería. Sí, es cierto, Linux Mint es muy fácil de usar. ¿Y qué? ¿Dónde está el problema? ¿Es que no tiene núcleo Linux? ¿Es que está limitado? ¡No! Todo esto es falso. Uso Linux desde 1997 y simplemente disfruto usando un sistema operativo a la vez ergonómico y bastante bonito a nivel de diseño.

Así que la gran pregunta es por qué debería cambiarlo. Ya sea para el trabajo o para el ocio, Mint responde perfectamente a todo lo que le pido en el día a día sin ponerme nunca palos en las ruedas. Es estable y sé exactamente dónde encontrar todo lo que necesito. Por tanto, ni de broma voy a cambiar de distribución solo por el prestigio y el placer de impresionar a tres puristas egocéntricos en un foro. Y debo confesar que siempre me da un placer malicioso decir que uso una distribución «para principiantes». Por otro lado, donde la cosa se pone realmente divertida no es en saber qué distribución usa cada uno, sino más bien en saber qué consigue hacer con ella. Porque, hasta que se demuestre lo contrario, no es una distribución Linux la que da el talento a su usuario. Al final, no hay que olvidar que están los programas, la cantidad de recursos que se les puede asignar y la forma de usarlos. Todo lo demás no son más que falsas polémicas que lo único que hacen es ridiculizar a quienes las alimentan.

Acabar con el mito de la consola imprescindible

Después del falso Linux para principiantes y del falso Linux para expertos, queda el trozo más gordo por derribar: ¡el mito de la consola! Porque es típicamente el tipo de delirio que frena la adopción de Linux a gran escala, colgándole una reputación de sistema reservado a los profesionales del teclado. Y eso que, hay que decirlo claramente, con la mayoría de las distribuciones modernas puedes usar perfectamente un Linux sin abrir la consola ni una sola vez.

Y en el peor de los casos, el día que hagas una mala maniobra que te obligue a abrirla, te alegrarás mucho de que esté ahí. Porque es ella la que te permitirá reparar tu sistema si alguna vez se topa con un problema. Y para eso no hace falta saberse el más mínimo comando de memoria. Basta con exponer la naturaleza de tu problema en un foro y siempre encontrarás a alguien que te dé los comandos para copiar en tu terminal. Y tu sistema volverá a estar en plena forma. En cambio, con Windows lo único que te queda es formatearlo todo y reinstalar todos tus programas.

Porque, en el día a día, ¿qué es Linux exactamente? Para mí, es lo mismo que Windows o Mac. Tengo mis iconos en el escritorio, hago clic en ellos y se abren. Tengo mi barra de tareas para lanzar mis programas. Y cuando quiero instalar un programa, paso por el gestor de software para elegir como en una tienda de aplicaciones. En un uso normal, en ningún momento necesito la consola.

Entonces, ¿para qué sirve exactamente? Para usos que no afectan a la inmensa mayoría de las personas que usan un ordenador. Como por ejemplo escribir comandos SSH para administrar una máquina a distancia, instalar de vez en cuando algún programa un poco exótico, o programar. Y aun así, incluso para programar, a título personal, prescindo de ella todo lo posible. Escribo mi código en Geany, que es un editor gráfico, porque es mucho más cómodo y menos austero que redactar líneas en una ventana negra. La consola me sirve principalmente para lanzar o matar procesos, para compilar y para comprobar que todo funciona con ayuda de herramientas de prueba.

Lo reconozco encantado: queda menos molón que el hacker con sudadera con capucha que teclea caracteres verdes fosforescentes sobre una pantalla negra. Solo que esa imagen no es más que puro cine, que hace creer erróneamente que Linux estaría reservado a una especie de élite, cuando no es así en absoluto.

Dicho esto, no voy a reescribir la historia. Es verdad que, hasta la llegada de Ubuntu, Linux no era fácil de domar y a menudo se mostraba inestable en modo gráfico. Pero esa época quedó atrás hace muchos años. Un Linux Mint, por ejemplo, se aprende a manejar en un abrir y cerrar de ojos cuando vienes de Windows. Como muchas otras distribuciones, es súper rápido y está muy bien mantenido, con actualizaciones regulares. Hay veces que paso más de un mes sin reiniciar la máquina, y en todo ese tiempo programo, retoco imágenes con GIMP, abro decenas de pestañas en el navegador, escucho música… Y todo sigue estable sin tener que abrir la consola para resolver el más mínimo problema. Lo que demuestra que sí, por mucho que les pese a algunos, Linux se ha vuelto de uso masivo. Y hay motivos de sobra para alegrarse de este enorme éxito en lugar de quejarse de que queda menos badass.

Elegir el Linux que podrás moldear más fácilmente para que responda a tu uso

Al final, la única trampa de verdad que hay que evitar para pasarse a Linux son los consejos de mierda que pretenden decirte qué distribución elegir cuando empiezas. Porque el reflejo que hay detrás de esos artículos es casi siempre colarte un Linux que imita a Windows o macOS para que no te sientas demasiado perdido. Pero seamos honestos dos segundos. Si te empeñas a toda costa en un Linux que se parezca lo máximo posible a Windows, ¡quédate en Windows! Y si quieres un Linux que se comporte como macOS, ¡quédate en macOS! Porque no ganarás absolutamente nada instalando una pálida copia de lo que ya tienes a mano. Lo único que conseguirás es ir directo a la frustración.

El reflejo correcto es elegir un Linux que puedas moldear fácilmente según tus preferencias y el uso que vayas a darle. Porque la gran ventaja de Linux es que el sistema se adapta al 100% a ti, y no al revés. Es también la mejor forma de evitar la trampa de las distribuciones un poco vergonzosas, del tipo Zorin OS y algunas otras del mismo estilo que acumulan pesadeces y acaban traicionando el espíritu Linux. Por no hablar de su lógica 100% comercial que se disfraza de filosofía supuestamente user friendly.

Conclusión: Linux ha madurado bien, nos toca a nosotros darlo a conocer

Es una auténtica alegría ver hasta qué punto Linux se ha convertido en algo imprescindible y comprobar que cada vez más personas lo adoptan definitivamente. Pero si queremos que este movimiento siga con su impulso, todavía queda un montón de trabajo por hacer en el terreno de la comunicación. Y este trabajo de información no hay que dejárselo a los medios que cuentan cualquier disparate. Como usuario de Linux, tú también eres un medio, a tu escala, que puede expresarse en las redes sociales para compartir tu experiencia de usuario lejos de los clichés insoportables. Es de esta forma como Linux podrá seguir democratizándose y demostrando que el espíritu open source puede echar del panorama informático a las big tech y sus malas prácticas.

Quiero aclarar que en este artículo he puesto el ejemplo de Linux Mint porque es el que mejor me conviene desde hace unos años. Puede que incluso por pura costumbre. Pero en ningún momento he dicho que todo el mundo deba elegir esta distribución. Una vez más, existen decenas de distribuciones muy chulas. Igual de bien podría haberte hablado de Kubuntu o de MX Linux, que aprecio especialmente, pero no son más que mis gustos personales. Así que no hay ninguna directriz en mi planteamiento. Solo una invitación a ser curioso y a poner en marcha tu espíritu crítico.

Después de todos estos años de uso, las únicas cosas que podrían apartarme de Mint serían que su desarrollador tuviera la pésima idea de implantar una IA integrada de serie o que añadiera pesadeces que no tienen ninguna razón de ser. Porque un Linux tiene la obligación de seguir siendo ligero, es una cuestión de principios. En cuanto a la IA, no tiene nada que hacer en un sistema operativo ni en un navegador.

Y si algún día se cruzaran esas líneas rojas, pues seguramente reemplazaría mi sistema operativo actual por un Slackware o un FreeBSD. O quizá NovaFuture acabaría sacando su propia distribución. Total, ya puestos 🙂 Mientras tanto, te deseamos buenos ratos con Linux y hasta muy pronto para nuevas aventuras.

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