Hacerse vegano es todo un camino personal
¡Hola! Si estás leyendo esto, quizás algo hizo clic en tu cabeza hace poco. Un documental que te revolvió el estómago, o una mirada que cruzaste con una vaca en un prado al borde de la carretera. O quizás una conversación con alguien que te plantó una semilla en la mente. Tomaste conciencia del sufrimiento animal y te preguntas «¿y si dejara de comer seres vivos?» Pues bienvenida, bienvenido, a esta aventura. Porque sí, es una verdadera aventura. No es algo que haces de un día para otro, no es una decisión que tomas un martes por la mañana y que está resuelta el miércoles. Es todo un camino que lleva a una especie de paz interior. Y voy a contarte el mío, con todas sus curvas, sus buenos ratos de duda y sus descubrimientos maravillosos.
No nací vegana, me convertí por convicción
No crecí en una comunidad de yoguis que desayunan semillas germinadas. Pero aun así tenía algo dentro, ¿sabes? Una sensibilidad por todo lo vivo, una curiosidad natural por las formas diferentes de hacer las cosas, un no sé qué que hacía que las preguntas sobre lo que está bien y lo que está mal nunca me dejaran en paz.
Y entonces un día, algo cambió. Nada espectacular, ningún rayo fulminante. Más bien contradicciones entre mis valores y mi plato que se fueron acumulando poco a poco. Imágenes, lecturas, tomas de conciencia que se apilan y una mañana te despiertas y simplemente lo sabes. Sabes que ya no puedes seguir fingiendo. Que comerte a un ser vivo al que le quitaron la vida y al que le robaron la libertad, para ti ya no es posible.
Así que bueno, di el salto. Y no voy a decirte que fue maravilloso desde el primer día porque sería mentirte. No fue difícil como tal, pero fue desconcertante. En serio, muy desconcertante. Abres la nevera, miras tus armarios y te das cuenta de que no tienes ni idea de qué hacerte de comer. Suena a tontería pero te descoloca totalmente. Toda tu vida has construido tus comidas alrededor de la carne o el pescado y de repente tienes que replantear todo. Tus costumbres, tus automatismos, tus recetas de siempre, todo eso se va a la basura y empiezas de cero.
No, vegano no significa comer filetes de soja tristes
Vale, esto es lo que más me irrita. La imagen que la gente tiene del veganismo. Les dices que ya no comes carne y enseguida se te imaginan masticando una hamburguesa de soja industrial reseca en un rincón con cara de infeliz. ¡Pero no! ¡Para nada! Ser vegano NO es sustituir cada trozo de carne por un sucedáneo envuelto en plástico que no sabe a nada. Esa es la versión perezosa del asunto, la de la industria alimentaria que intenta venderte «filetes vegetales» a 5 euros la bandeja. ¿Mala alimentación? ¡No, gracias!
Vegano no significa que no puedas ser un amante de la buena comida. Ni de lejos. De hecho es todo lo contrario. Desde que cambié mi alimentación, mi paladar se despertó. Descubrí especias que ni sabía que existían, combinaciones de sabores que jamás habría imaginado, texturas nuevas. Antes comía casi siempre lo mismo sin pensarlo demasiado. Ahora cada comida es una pequeña exploración según la temporada. Y eso, la verdad, es genial.
El verdadero clic es inspirarse en quienes saben hacerlo
El verdadero punto de inflexión para mí, el momento en que todo encajó, fue cuando dejé de intentar «veganizar» recetas occidentales y empecé a mirar hacia otro lado. Hacia culturas donde millones de personas comen divinamente bien sin carne desde hace siglos. Como la cocina india. Dios mío, ¡la cocina india! Dahls cremosos que te calientan el cuerpo y el alma, curris perfumados con leche de coco, naans recién hechos, samosas crujientes de verduras. Esa variedad es una auténtica locura. Y la cocina japonesa también. Las sopas de miso, las verduras encurtidas, los fideos salteados con setas, el tofu preparado como allí y no como aquí (porque sí, entre los dos hay un mundo de diferencia, créeme).
Ahí fue cuando empecé a pasármelo en grande de verdad. Me puse a explorar blogs, a ver vídeos, a probar cosas. A veces era un acierto total al primer intento. Y otras, bueno, cómo decirlo, era un desastre memorable. Mi primer intento de queso vegano casero tenía la textura de masilla y un sabor que hasta mi perro se negó a probar. ¡Pero así es el juego! Pruebas, fallas, vuelves a intentar, encuentras tu rollo. Poco a poco fui construyendo mi propio repertorio de recetas, las que me emocionan, las que repito una y otra vez con todo el gusto del mundo.
Sí, es verdad, lleva tiempo en la cocina
No te voy a mentir con esto porque creo que es importante ser honesta. Comer bien siendo vegano lleva tiempo. Más que tirar un filete a la sartén. Tienes que preparar, pelar, cortar, poner legumbres en remojo, vigilar cocciones largas. Al principio puede desanimar un poco, sobre todo si eres de los que quieren que todo vaya rápido.
Pero ¿sabes qué? Es simplemente una cuestión de organización. Nada más. Y encontré mi sistema, es supersencillo pero te cambia la vida. Para todo lo que es platos a fuego lento, dahls, curris, guisos de verduras… siempre cocino para dos o tres comidas. Pasas una buena hora en la cocina el domingo, llenas unos tarros y ya estás cubierto para varios días. Cocinar una vez, comer tres veces. Así de simple.
Al principio lo pasé bastante mal. Todo tardaba una eternidad. Lo hacía todo fatal. Sentía que me pasaba la vida detrás de los fogones. Y ahora, con la práctica, todo fluye. De verdad. Ya ni lo pienso. Mis manos saben qué hacer, me sé mis recetas de memoria. Y a veces hasta improviso con lo que tengo a mano. Y sobre todo, descubrí que me encanta. Cocinar con buenos ingredientes, oler las especias, remover algo que se cocina a fuego lento, cortar verduras de todos los colores… Se ha convertido en uno de mis placeres diarios. Un momento solo para mí.
Lo que me ha aportado (y no me lo esperaba)
Hablemos de los beneficios porque hay unos cuantos. Primero la energía. Esto es lo que más me sorprendió. Desde que soy vegana tengo una energía brutal. Me siento más ligera y más clara de mente. Más viva, así de simple. No digo que sea magia ni que funcione igual para todo el mundo. Pero a mí me transformó y nadie me había avisado de eso. Fue la mejor sorpresa de todo este camino.
¡Y luego está el tema económico! Agárrate porque ¡la carne es carísima! Ya ni nos damos cuenta porque estamos acostumbrados, pero cuando sustituyes carne o pescado por lentejas, garbanzos, alubias, arroz, verduras de temporada… tu cuenta del supermercado baja en picado. Para alguien como yo, que eligió no perder la vida intentando ganársela, créeme que eso importa muchísimo.
Mi vida en furgoneta, la real. Lejos de los farsantes de Instagram
Porque mira, yo elegí la libertad. Vivo en mi furgoneta camperizada con mi perrito (el mejor compañero de viaje del universo, es un hecho científicamente probado). Y cuando digo van life, no hablo de lo que ves en las redes con las lucecitas, los smoothie bowls fotogénicos colocados artísticamente sobre una manta y los nómadas digitales que lo hacen porque está de moda.
Hablo de la vida real en furgoneta. Esa en la que a veces hace frío, en la que buscas un punto de agua durante una hora, en la que tu ducha es un cubo y un guante, en la que nada es fácil pero todo tiene sentido. Viajo, paro donde quiero, me despierto frente a paisajes que me dejan sin aliento. Me empapo de la belleza de este mundo e intento vivir en coherencia con mis valores.
Y el veganismo encaja perfectamente en todo eso. Las legumbres secas se conservan genial, pesan poco y aguantan el calor sin problema. No necesitas nevera para las lentejas. Nada de estrés con la cadena de frío. Nada de carne que se pone mala a los dos días en verano. Todo encaja de forma natural, casi como si este estilo de vida estuviera hecho para ir de la mano con él.
Una última palabrita, de mí para ti
Pues eso. ¿Quién soy yo para decirte lo que tienes que comer o cómo tienes que vivir? Este post es simplemente mi experiencia, mi trozo de camino, contado con sinceridad. Y quería compartirlo sobre todo contigo, si te estás haciendo preguntas. Si sientes que algo en tu plato ya no te cuadra pero dudas porque te parece complicado o demasiado radical. Solo quería decirte que no es tan complicado como puedes pensar al principio. No tienes que ser perfecto desde el primer momento. Nadie lo es. Sobre todo esto, el único consejo que me atrevo a darte es: ve a tu ritmo y déjate inspirar por personas que están a gusto con su elección.
Y si ya eres vegano y pasas por aquí, ¡hola! Me encantaría que compartiéramos nuestras experiencias, nuestros desastres de principiante, nuestras recetas favoritas, nuestros trucos… No dudes en dejar un comentario para animarme a seguir con este blog. Probablemente sea soñar despierta, pero ¿y si creáramos una pequeña comunidad de gente con buen corazón que ha elegido comer de otra manera? A mí me haría muchísima ilusión. Le pedí al equipo técnico del sitio que me abriera un espacio vegano en el NovaFlow y dijeron que sí enseguida, reconociendo que era algo que faltaba en NovaFuture. Yo, que odio las redes sociales, si alguien me hubiera dicho que algún día iba a gestionar un espacio online no me lo habría creído jamás. Pero me estoy yendo por las ramas LOL Si quieres charlar sobre veganismo puedes unirte a este NovaFlow y para contactarme es muy fácil, escribe @amy en el NovaFlow. Y después podemos seguirnos mutuamente para hacer avanzar nuestra causa.
Hasta muy pronto, cuidaos mucho y cuidemos entre todos de los seres vivos que comparten este hermoso planeta con nosotros.
Con amor,
Amy