Cuando el subcomandante Marcos nos recuerda la urgencia de la convergencia de las luchas

Por una vez, vamos a empezar con una anécdota histórica. No por folclore, sino porque ilustra perfectamente lo que nos hace falta en este momento. Es decir, la capacidad de transformar nuestras diferencias en fuerza colectiva en lugar de agotarnos inútilmente en peleas permanentes. Porque seamos francos, mientras nos destrozamos entre progresistas por detalles o cuestiones de prioridad, el neofascismo avanza tranquilamente. Y eso es un lujo que ya no nos podemos permitir.
¿Cómo el subcomandante Marcos transformó una campaña de desprestigio en fuerza colectiva?
En 1994, en México, el levantamiento zapatista estalla en Chiapas como reacción a las políticas neoliberales que amenazaban directamente la supervivencia de las comunidades campesinas indígenas. Frente al subcomandante Marcos, que encarnaba esta rebelión, el gobierno de extrema derecha del PRI intentó desacreditarlo. Uno de sus intentos fue difundir rumores sobre su orientación sexual en una región donde la homosexualidad se percibe como una debilidad inaceptable, especialmente bajo la influencia del catolicismo omnipresente. Pero Marcos ni siquiera intentó negarlo. Como defensa, respondió con un texto que se volvió legendario:
«Sí, Marcos es gay. Marcos es gay en San Francisco. Negro en Sudáfrica. Asiático en Europa. Chicano en San Ysidro. Anarquista en España. Palestino en Israel. Indígena maya en las calles de San Cristóbal. Judío en Alemania. Gitano en Polonia. Mohawk en Quebec. Pacifista en Bosnia. Mujer sola en el metro a las 10 de la noche. Campesino sin tierra. Pandillero en los barrios marginales. Desempleado. Estudiante infeliz. Y por supuesto, zapatista en las montañas.»
En unas pocas líneas, Marcos transformó un miserable ataque personal en un manifiesto político. Para lograrlo, no rechazó la etiqueta que intentaban colgarle, sino que la adoptó directamente y la amplió hasta abarcar todas las luchas. He aquí un buen concepto que adoptar, si aún no lo has hecho.
La convergencia de las luchas es una necesidad
Lo que Marcos nos recuerda con acierto es que las luchas progresistas no están separadas. Que no compiten entre sí. Al contrario, encajan perfectamente para formar un todo coherente contra un sistema basado en la opresión.
Por ejemplo, está el feminismo que lucha contra el patriarcado que jerarquiza los cuerpos e impone roles de género rígidos. Los derechos LGBT combaten esas mismas normas que exigen que entremos en casillas predefinidas. El antirracismo se opone al trato diferenciado de los seres humanos según su origen. La ecología rechaza el extractivismo que explota lo vivo como un recurso infinito. El veganismo rechaza la explotación de los animales. El código abierto ataca la propiedad intelectual capitalista que privatiza el conocimiento. La lucha de clases denuncia la explotación económica de los trabajadores. ETC…
Todos estos componentes combaten al mismo enemigo, que no es otro que un modo de funcionamiento basado en la dominación, la explotación, la codicia y la jerarquía. Es decir, el patriarcado y el capitalismo, que son las dos caras de una misma moneda. Por eso compartimentar las luchas equivale a debilitar nuestra capacidad colectiva de cambiar algo. Y querer jerarquizarlas es caer en la trampa tendida por quienes se benefician de nuestras divisiones.
¿Por qué las disputas entre progresistas debilitan todas las luchas?
Sin embargo, miremos lo que pasa hoy. Mientras el neofascismo avanza por toda Europa y Estados Unidos, asistimos a disputas de campanario absurdas entre progresistas.
Por ejemplo, ecologistas que minimizan las cuestiones LGBT en nombre de «prioridades más urgentes». Militantes antirracistas que ignoran el veganismo porque «no es una lucha de verdad». Feministas que excluyen a las personas trans. Decrecentistas que se cierran en banda contra los actores del código abierto con el pretexto de que usan la tecnología para luchar. Anticapitalistas que reproducen los peores esquemas de la política tradicional entre diferentes corrientes… Sin embargo, la única prioridad debería ser entender que no se puede ganar en un frente perdiendo en todos los demás.
Así que hay que decirlo con franqueza: El ambiente progresista puede ser increíblemente violento consigo mismo. Porque con demasiada frecuencia encontramos egos desmesurados, juicios permanentes, una competencia malsana por ver quién es más radical o más intachable. Y al final, esta búsqueda de una pureza ideológica que no existe, y que nunca existirá, se convierte en un verdadero repelente para personas más tranquilas que podrían aportar muchísimo a diferentes movimientos. Pero en lugar de acoger y acompañar procesos sinceros de emancipación, preferimos excluir al primer paso en falso o a la primera torpeza de lenguaje. En resumen, querer tener la razón absoluta en todo, a veces incluso de manera autoritaria, solo ensucia causas nobles.
Ejemplos históricos: Cuando la convergencia de las luchas se hace realidad
La convergencia de las luchas no es un concepto teórico sacado de un libro de sociología. Es una realidad histórica que ya ha demostrado su poder en varias ocasiones. Aquí van algunos ejemplos:
Los Panteras Negras en los años 60-70 entendieron antes que muchos otros que la lucha antirracista no podía separarse de la lucha de clases, del feminismo o de los derechos LGBT. Por eso construyeron alianzas con movimientos que a priori no tenían nada que ver entre sí, creando así una fuerza colectiva formidable que aterrorizó al poder estadounidense.
Seattle 1999 marcó los espíritus. Sindicatos obreros, ecologistas, anarquistas, campesinos del Sur, todos juntos en la calle contra la OMC. Personas que nunca deberían haberse hablado según la lógica dominante hicieron converger sus rabias y sus esperanzas. El resultado fue un bloqueo total de la conferencia ministerial de la OMC, con negociaciones aplazadas y, finalmente, una humillación para los promotores de la globalización neoliberal.
Occupy Wall Street y los Indignados en 2011-2012 reunieron en las plazas públicas de todo el mundo a precarios, estudiantes, jubilados y militantes de todo tipo. Sin agenda única, sin líder, solo con una rabia compartida contra el sistema financiero que aplasta a todo el mundo.
Nuit Debout en Francia (2016) creó algo muy poco común: Un verdadero foro nocturno en la vida real. Durante semanas, en la plaza de la República en París y en decenas de otras ciudades francesas, personas de todos los horizontes se hablaron. De verdad se hablaron. Sin filtros y sin jerarquías. Feministas, ecologistas, precarios, sindicalistas, hackers, artistas… todos reunidos para reflexionar juntos sobre otro mundo posible. Pero muchos progresistas radicales criticaron este movimiento espontáneo. Personalmente, yo más bien sentí un gran momento de poesía y de encuentro. Había algo realmente enriquecedor en intercambiar sanamente con perfectos desconocidos bajo el cielo estrellado. Desgraciadamente, por diversas razones, en el espacio de dos meses todo se detuvo. Es un poco largo de contar, así que seguramente tendré ocasión de volver en detalle sobre este tema en un próximo artículo.
Al final, es cierto, ninguno de estos movimientos desembocó en la gran noche. Ninguno derrocó el capitalismo ni el patriarcado. Pero todos dejaron algo muy valioso: La prueba de que es posible superar nuestras diferencias y construir espacios donde las luchas converjan en lugar de oponerse. Esos momentos de intercambio intenso formaron a generaciones de militantes y crearon redes que perduran hasta hoy. Y más allá de eso, demostraron que otra relación con la política es posible. Lejos del circo de los partidos y las organizaciones piramidales.
Conclusión: Reaprender a escucharnos y a hablarnos
A menudo tengo la impresión de que nos hemos dejado contaminar el cerebro por las redes sociales, donde el más mínimo desliz de lenguaje se usa para machacar, herir, excluir. Cuando nadie es perfecto. Todos somos torpes en algún momento u otro. Pero tenemos un ideal mucho más grande que todos nosotros juntos, que es el de un mundo mejor basado en la escucha y el compartir. Así que, una vez más, como Marcos nos recordaba hace treinta años: Nuestras diferencias son una fuerza y no un campo de batalla entre personas que quieren ir en la misma dirección. Es solo mi punto de vista. Lo comparto, tú haces con ello lo que quieras. El único objetivo de esta reflexión es ampliar el campo de lo posible. Y quizás también iniciar un verdadero diálogo. Así que hablemos, ya sea aquí en NovaFuture o en otro lugar. Da igual, lo esencial es simplemente intentar avanzar juntos en el marco de nuestras luchas respectivas.
Si tú también piensas que las luchas deben converger, gracias por compartir este artículo a tu alrededor para lanzar el debate. Y de paso, si pudieras tomarte unos segundos para invitarnos a un café, nos ayudaría un poco a cubrir los gastos del sitio. Es solo una información, no una obligación. Gracias de antemano y hasta pronto con temas bien calentitos.